ESG desarrollo sostenible
A las seis y media de la mañana, cuando el cielo aún no se había despertado del todo, el rugido del ventilador del comedor rompió el silencio. Entre el ruido metálico de las bandejas de acero inoxidable, el aroma de los Xiaolongbao (un tipo de empanada con relleno jugoso de carne) recién cocidos al vapor se husmeaba en el aire. Mientras recorría el pasillo de la empresa para inspeccionar los ingredientes de la cantina, me topé con un compañero que acababa de terminar su comida: "¡Los Xiaolongbao recién cocidos están deliciosos!". Saqué mi teléfono y escribí: "Los Xiaolongbao reciben comentarios muy favorables, ¡sigamos adelante!", mientras tanto, una sonrisa se dibujó en mi rostro.
Hubo un tiempo en el que, a la hora de comer, mis compañeros se mostraban apáticos. En las encuestas de satisfacción de los empleados, el comedor ocupaba el último lugar, con comentarios llenos de quejas de "mal sabor" y "mal control de calidad". Ante tales críticas, caí en la duda en un tiempo. El jefe del departamento me orientaba a menudo: "Los comentarios ajenos constituyen el rumbo de nuestra mejora. No temas que los demás expresen sus opiniones. No te quedes angustioso. Solo concéntrate en dar lo mejor de ti y mantén una mentalidad abierta".
Se puso en marcha
discretamente una iniciativa de "revolución del paladar", en la que los jefes de
departamento y los compañeros de trabajo intercambian ideas con frecuencia: la
combinación de platos de hoy no
son satisfactorias, los salteados carecen de suficiente carne, etc. Todos los
viernes, en la reunión rutinaria del
comedor, se aborda el menú de
la semana siguiente, las verduras de temporada, los comentarios semanales sobre
los platos y las cantidades sobrantes. Cada día recorro todos los rincones del comedor,
observando las sutiles expresiones de mis compañeros durante las comidas y
buscando activamente sus opiniones, tomando notas en la aplicación de notas de
mi teléfono. Cuando como fuera, tomo fotos de los platos para
estudiarlos. Todo ello tiene el fin de perfeccionar las combinaciones de los platos, garantizar que la "renovación del menú"
ofrezca realmente
"actualizaciones semanales y sorpresas mensuales". Ajustamos dinámicamente el menú más de
una docena de veces al mes, introducimos
al menos un nuevo plato de temporada cada semana y eliminamos más de diez
platos con bajo comentario cada trimestre.
Cuando las quejas se convierten en exclamaciones -"¡El Zhajiang Mian (fideo con salsa de carne picada) de anoche estaba tan bueno que hoy voy a repetir!", "¡Esas Zhenmi Wanzi (albóndigas de arroz premium) son geniales, nunca había probado nada igual!", "¡Qué maravilla que sirvan Bingfen (gelatina dulce de almidón fría)!"-, la calidez hogareña de la cantina ha logrado calentar silenciosamente tanto los estómagos como los corazones de este grupo de "soñadores de cambiar el mundo con el litio".
El 12 de junio, en medio de un calor sofocante, poco después de las nueve de la mañana, se produjo un corte de electricidad en las instalaciones de la fábrica. Los aires acondicionados y los ventiladores dejaron de funcionar, el suelo se calentó bajo el sol y, en poco tiempo, llegó la hora del almuerzo. Los compañeros del equipo eléctrico y de instrumentación seguían trabajando sin descanso en las reparaciones. Repartí las comidas en bandejas, cogí los tazones y palillos y me apresuré a ir al lugar de la reparación. El vapor que desprendía la comida se mezclaba con el calor sofocante del exterior. El sudor se me salía como la lluvia. Esta experiencia no hizo más que reforzar mi determinación de garantizar que los compañeros tuvieran comidas adecuadas. Al ver sus uniformes empapados, no pude evitar comentar: "Menos mal que les hemos traído la comida. Lo que hacemos no es nada comparado con lo que ellos están soportando". Tras este incidente, no solo formalizamos un mecanismo de "retención de comidas para situaciones de emergencia", sino que también introdujimos un servicio de "comidas entregadas en el lugar de trabajo". Esto garantiza que, por muy ocupados o urgentes que estén, nuestros compañeros siempre puedan disfrutar una comida caliente a tiempo.
Al dedicar cuidado en cada cucharada de comida, la puntuación en la encuesta de satisfacción de septiembre subió a 4,37 sobre 5. El comedor ya no es solo un lugar para saciar el hambre, sino que se ha convertido en un rincón acogedor donde se escuchan las voces y se atienden las necesidades. Al asumir colectivamente la responsabilidad de la seguridad y la calidad de los alimentos, hemos cultivado conjuntamente un ambiente vibrante y centrado en las personas. En última instancia, esto ha proporcionado a todos los compañeros un profundo sentido de satisfacción, tanto en el paladar como en el corazón.

